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05/08/2014
"La Dama del alba" promisorio esfuerzo del grupo Fábula
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Victoria Salomón y Julián Izquierdo, asumen la documentación escénica como catapulta para la dirección e interpretación actoral; proponiendo en el caso de Victoria, la teatralidad vista más allá del dogma. Y en el de Julián, la pasión como clave para impulsar un trabajo debelador que persigue alcanzar trascendencia. Ambos dirigen al elenco juvenil del Grupo Actoral Fábula, jóvenes hacedores de la escena que se enfrentan al texto dramático de mayor trascendencia de Alejandro Casona..."La Dama del alba"
Por: Julio C. Alcubilla B.
Mail: julio.c.alcubilla@gmail.com;
teatroencritica@gmail.com
Twitter: @editorglobal
Móvil: +0412-200.53.90 (Venezuela)

Un esfuerzo ciertamente pleno de contrastes, revisables actuaciones y comprometida visión, si consideramos que para casi todos en éste elenco, es su primera vez en las tablas. Lo apreciado en éste montaje nos permite profundizar, que el teatro es un templo en el que se muestra un arte antiguo que cada vez es más futuro. El mismo impone su dogma y conocimiento, valiéndose del alma para comunicar su esencia; un arte que nos habla, nos impacta, nos forma o deforma...pero que en todo caso, nos conmueve de alguna u otra manera.

Antes de considerar mis valoraciones acerca de éste montaje, me permito exponer lo que considero las claves para entender a Casona, desde la perspectiva del eje interpretativo. Considerada por los críticos que me antecedieron, como la mejor obra de Alejandro Casona, lo primero que destaca en su estructura, es que la misma es fiel al estilo dramatúrgico modernista: en el primer acto se comienzan a presentar los personajes y la hermosa "Peregrina", quien será la encargada de desencadenar la médula del nudo escénico. Éste nudo nos lleva a un desenlace marcado por acotaciones dramáticas, visiblemente propias de su peculiar estilo subjetivo. Los ricos elementos literarios que estructuran el mensaje de la obra, son connotativos por lo general de su poética:

Metáfora: "cuanta ternura al desatar los nudos últimos"
Paralelismo: "caminante que camina olvida su caminar..."
Anáfora: "...que corta el cordón que suelta el tapón..."
Comparación: "es un temblor alegre que corre por dentro, como las ardillas de un árbol hueco..."
Sinestesia: "qué dulce fatiga..."
Polisíndeton: "es como el renacuajo que mueve la coca, y dale, y dale, y dale..."
Enumeración: "peregrina, abuelo, Matin..."
Hipérbole: "¿por qué me has hecho esperar el milagro Señor?..."


Las obras de Alejandro Casona, combinan realidad y sueño, pareciese que su dramaturgia estuviese emparentada con los autores Giradaux y Priestley, porque en las mismas por igual se hacen presentes  idealismo y lirismo. "La Dama del alba", es una obra considerada maestra de Casona, enmarcada en un texto en el que su propuesta escénica logra evidenciar la fantasía-mito, en conjunción con la realidad realmente percibida por el espectador.

Casona pertenece a la generación del 27, una etapa en la que el teatro español se caracterizaba por una dramaturgia que intentaba depurar al reconocido teatro poético, incorporándole formas vanguardistas para acceder a un consumidor más popular. En "La Dama del alba", descubrimos una energía apegada a cierta interpretación desde el eje subjetivo, pues se representa a la muerte como la imagen de una mujer, una "Peregrina", que visita a aquellos que acosa. Los niños de la casa la seducen, con quienes juega y se hace niña, al punto de olvidar su oscura condición.

Un rio cerca de la casa, da la bienvenida  semióticamente al espectador, la historia transcurre en una época antigua, una familia en la que Angélica es protagonista de su destino y el de su familiares. Su cuerpo apareció al alba del día siguiente a las celebraciones de San Juan, en un poblado asturiano. En esa casa en la que se muere la hija mayor de la familia, queda atada al tiempo,  esperando el regreso de Angélica, esa hija muerta... Un día en la mañana aparece una peregrina muy linda, tanto como extraña, que luego después de una charla profunda con el abuelo, éste se da cuenta que es la muerte. La madre, desde el fallecimiento de su hija mayor, ha quedado muy resentida y temerosa, motivo por el cual cuida en extremo a los niños. Pasa la mayoría del tiempo lamentando a su hija ausente. Luego remplaza a Angélica con Adela,  a la cual primero rechazó y luego acepta hasta el punto que prácticamente, Angélica es sustituida. Telva, una mujer de edad avanzada, a la que le gusta mucho hablar, es la criada de la casa,  que se encarga de los quehaceres domésticos y del cuidado de los niños. Viuda que perdió a sus siete hijos en un accidente en la mina.


El abuelo, un  hombre moderado y sabio que vive en la casa, le gustaría que sus nietos tuvieran una vida como cualquier otro chico de su edad, yendo a la escuela, corriendo y jugando. Se preocupa mucho cuando descubre quien es verdaderamente la Peregrina. Martin, esposo de Angélica, un hombre joven, apuesto y trabajador, el mejor caballista de la sierra. Iba a ser la primera víctima de la Peregrina, pero como los niños después de jugar con ella, la dejaron dormida y no despertó a la hora que tenía que hacer su trabajo, dejó ir a Martin. Éste oculta el secreto de Angélica y solamente se lo confiesa a Adela, su nuevo amor. 

Adela, mujer joven a la que Martin rescató del río cuando se intentó suicidar. Ha llevado una vida muy desdichada hasta que llega a la casa de los Narces. A medida que pasa más tiempo en la casa, toma el lugar de Angélica, más y más. Se va enamorando de Martin, pero no pueden estar juntos por el secreto de Angélica. Andrés, el varón mayor de los hijos,  expresa su encantamiento cuando ve por primera vez a la Peregrina, Dorina,  la hija menor, queda fascinada con la Peregrina y también expresa su amistad con Adela. Falin, hijo menor, es jocoso, travieso y divertido. Quico del Molino; empleado de la casa que suele trabajar en el granero y ayuda a Martin en sus quehaceres. Le fascinan las mujeres, en especial Adela, suele frecuentar la taberna al igual que su amo.

Angélica, hija mayor de la Madre, había sido novia de Martin dos años, pero solo duro tres días casada con él antes de su desaparición. Sus hermanos la extrañan y su madre nunca pudo superar la tragedia en cuatro años. Se creía que se había ahogado en el río, pero nunca encontraron su cuerpo. La realidad la sabe Martin... que ella se escapó con un amante. Y volvió, porque el amante la abandonó y quiere regresar a su vida normal, pero al hablar con la Peregrina, ésta la hace reflexionar acerca de que todos ya hicieron sus vidas sin ella... llegando a un desenlace fatal.... La división de ésta obra, es de 4 actos y 3 escenas.


El realismo fantástico de "La Dama del alba", nos hace recordar a "Cien Años de Soledad" de Gabriel García Márquez. Casona por igual desarrolla su dramaturgia en un ambiente rural, en otro sentido también al parecer revisa a Séneca, pues nos ofrece una visión de la muerte encarnada, reconstruyéndola a partir de la lectura tormentosa, para ofrecernos una hermosa y serena concejera, que en vez de victimaria, se hace víctima. El espectador vive su drama, se percibe su alineación, su soledad, el desamor que la envuelve... esta mujer –la muerte peregrina, no puede ser amada, no le es permitido conocer el amor.

El trabajo del Grupo Actoral Fábula

Desde un primer momento la dirección actoral, propone, al igual como en el diseño escenográfico, iluminación y estructura semiótica, nos conectan a un trabajo investigativo, resuelto con elementos minimalistas, pero muy acertado en colores, texturas y concepto. El vestuario, complementa la simbología, apoyando de manera rica, sin mayores pretensiones, una expresión creativa, de acertado contenido. Caracterizado por tonos sólidos, que imprimen la austeridad y circunstancia de la época: beige, negro, marrón, bermellón, oro viejo. Como elemento principal escenográfico, el frente de la escena al fondo de la misma, una galería de cuadros, enmarcados en oro antiguo. Poético recurso, en el que no se muestran retratos, huecos... estructuras para un único reflejo...la hermosa muerte.  A la derecha un viejo y cómodo sillón, enrojecido por los años; a la izquierda el horcón, refugio de los enceres, manteles y de la luz... Detrás, la mesa, simbología hogareña que delata y que figura como actante, pues por momentos, parece un personaje más dentro de la acción.


Luego de la cuarta pared... el público...pueblo, montañas, río, y caminos, que unen al espectador con un proyecto prometedor, plausible en parte por su esfuerzo, arrojo y contenido, que seguro despuntará en mejores glorias. Revisable por sus actuaciones y caracterizaciones, poco relevantes y en muchos momentos, inaudibles, pues la proyección de la voz no gravitaba en el escenario. No pretendo con ello, desestimar las intenciones de un colectivo, que se enfrenta con esfuerzo, al trabajo actoral, considerando que provienen de un taller de actuación, se comprende que al ser principiantes, muchas horas de esfuerzo simbolizan primeras metas. Pero dentro del mismo sentido, han de proponerse, mayores entregas, para dignificar ese templo, que llamamos "TEATRO".

Sería deseable comprender, que enfrentar a Casona, supone un esfuerzo, cuasi visceral, en el enfoque de la interpretación actoral. Los diálogos de Casona son ricos en comparaciones y alusiones parapsicológicas, de gran belleza. El volumen que ocupa cada refrán, cada frase del texto dramático, supone un esfuerzo que debe propiciar una caracterización del cuerpo, del rostro, del modo de decir las palabras, es imperdonable olvidar la letra de su parlamento, como sucedió reiterativamente en ésta función, porque sus palabras han de ser pronunciadas más allá de la dicción, con profundo y pausado acento poético. Subrayando las diversas aportaciones de cada palabra costumbrista castiza, logrando que el texto dramático, sea el apoyo más fiel que se tiene para la construcción de cada personaje en su profundidad temporal.

En cuanto a la manera de decir, no podemos olvidar tampoco, que en el caso de Casona, se ha de lograr un efecto coral, producido por las entonaciones o expresiones sonoras, aquellas que sean ricas en su estructura, para que se produzca una unidad de aportaciones que construya a través del gesto, elementos visuales y de paso a la integración de nuevas atmósferas interpretativas. "La Dama del alba", supone en tal sentido, un espacio dramático, que debe asumir como meta los símbolos gestuales y de desplazamientos escénicos que impulsen emociones, ternura y activación para el público.



Lo rescatable
El trabajo de la actriz Dennys Camacho: Telva, apropiado en su desplazamiento escénico, gestual, aunque no en su caracterización vocal, pues no escuchábamos a una mujer de entrada edad, sino a una joven contestaría. Las tres Sanjuaneras, estuvieron muy acordes a la gracia de sus personajes, la coquetería y encanto provinciano, destacable de ellas Manuela Rodríguez, un trabajo encantador, expresivo. Alfredo Osiglia, en el rol del Quico, uno de los trabajos más convincentes, por su acento gracioso, envolvente, rítmico y vibrante. Diego Alejandro Torres: Falín, sin duda un niño mas intelectual que gracioso, muy pendiente de decir bien su letra, se presentó en el escenario aunque con gestos recortados, pero seductor esfuerzo. Por último Ariana Arjona: Dorina, su fuerza interpretativa y de connotado acento, nos dibuja con gracia y riqueza infantil, su escena.

Lo observable
Considerando que la ejecución de éstos roles, alcanzaron por momentos calidad interpretativa, por igual es justo expresar ciertas revisiones: Fabiola Muro: Peregrina, hermosa actriz, que recordaba la letra a diferencia de muchos de los actores que la rodeaban, excepto por dos errores, sin embargo su comportamiento y ritmo escénico, nos desvió de un trabajo que ameritaba ser más tierno y encantador. Su voz, proyectada con ímpetu, precisó ser más delicada y sinuosa, para alcanzar al personaje. Claudia Ayala Delgado; Adela, buen temperamento histriónico, profunda en su proyección vocal con ligeros entuertos, aunque en su expresión gestual, adoleció de esa belleza oculta en el subtexto, de una mujer que pasa de una vida atormentada, a disfrutar de las delicias y esperanza de un nuevo amor. Saúl Gonzáles: Martin; desplazamientos escénicos importantes, convincente en sus primeros momentos interpretativos, pero con el renacer del amor, no hubo transición, no observamos cambios en su línea expresiva.

Sin duda alguna un montaje que ofrece una perspectiva, interesante, y que de seguro logrará mejores caminos interpretativos, de función en función.
La obra se está presentando en TEATREX El Bosque, ubicado en el edificio sede de FEDECÁMARAS en Caracas



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FUENTE

Lic. Julio C. Alcubilla B.- Artes Escénicas
RecordReport en THP



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