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25/04/2010
Atribuyen terremotos a "Arma de Guerra"
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A raíz de la devastación producida por el terremoto de Haití en enero pasado, varios medios oficiales venezolanos, reproducidos por correos electrónicos, difundieron información según la cual "la Flota Rusa del Norte" había preparado un informe que atribuía el sismo a un experimento bélico estadounidense realizado con la instalación HAARP.

De acuerdo con el texto, "desde finales de la década de 1970, los Estados Unidos han 'avanzado enormemente' el estado de sus armas de terremotos y, según estos informes, ahora emplea dispositivos que usan una tecnología de Pulso, Plasma y Sónico Electromagnético Tesla (sic) junto con „bombas de ondas de choque‟". El objetivo último sería "el plan de los Estados Unidos de la destrucción de Irán a través de una serie de terremotos diseñados para derrocar a su actual régimen Islámico. Según el informe mencionado, el sistema experimentado por los Estados Unidos (proyecto HAARP) permitiría además crear anomalías climatológicas para provocar inundaciones, sequías y huracanes".

No solo el sismo de Haití habría sido generado por el HAARP; de acuerdo con "otro informe coincidente" (del cual tampoco se menciona origen ni fecha) se atribuye a la tecnología norteamericana el terremoto de Sichuan, China, ocurrido en mayo de 2008, las sequías e inundaciones que han tenido lugar desde la década de 1990 en países enfrentados a la política de los Estados Unidos como Corea del Norte, Irak, Irán, Siria y Afganistán, así como el huracán Ike que devastó Cuba. De hecho, "Para muchos científicos, las pruebas del HAARP serían responsables del cambio climático de El Niño, los aerolitos o incluso la ola de calor que hizo subir en Melilla la temperatura de 20 a 40 grados en cinco minutos".

Más aún, "Los Haarp (sic) potencialmente tendrían también la capacidad de desintegrar objetos, generar combustiones espontáneas e inducidas, e incluso cambiar patrones cerebrales, inducir conductas y producir enfermedades biológicas". Efectivamente, "Incluso los seres humanos pudieran ver afectadas sus ondas cerebrales por las emisiones de baja frecuencia (entre 3 y 30 herzt) (sic) que conseguirían modificar sus patrones de conducta".

Instalaciones del HAARP en Gakona, Alaska (www.haarp.alaska.edu)

Instalaciones del HAARP en Gakona, Alaska (www.haarp.alaska.edu)

En síntesis, esta extraordinaria Máquina del Fin del Mundo puede nada menos que alterar el clima, generar la caída de meteoritos, causar enfermedades fisiológicas y daños sicológicos, desintegrar objetos y ser la causa de "El Niño".

Los textos de marras emplean con abundancia un lenguaje seudocientífico: existiría "una correlación entre la actividad sísmica y la ionosfera, mediante el control de la Radiofrecuencia inducida por Hipocampos" (...) "Mediante este sistema pueden utilizar la energía que está presente fuera del espacio terrestre y reconducirla a los fines de generar bruscos cambios de clima. De esa forma se podrían (sic) utilizar al Haarp como un arma de guerra" (...)

Pero, ¿qué es el HAARP, al que se atribuyen tan asombrosas capacidades?

Investigando la ionósfera

La ionósfera es una capa de la atmósfera terrestre ubicada por encima de la estratósfera, entre un mínimo de 60 y hasta 700 kilómetros de altura, cuyos átomos están ionizados (cargados eléctricamente) por la radiación del Sol. La ionósfera absorbe buena parte de los rayos X y gamma provenientes del espacio que logran penetrar el campo magnético terrestre. Hace un siglo se descubrió que las ondas de radio de ciertas longitudes de onda se reflejan en ella, y por ende comenzó a utilizarse para las telecomunicaciones; sin esta técnica, habría sido imposible trasmitir radio a grandes distancias sin el uso de satélites.
Esto quiere decir que desde hace mucho tiempo estamos haciendo vibrar ciertas áreas de la ionósfera, al rebotar en ella multitud de ondas de radio para que alcancen miles de kilómetros de distancia, incluso en otros continentes.

Cabe señalar que la radio FM y la televisión utilizan longitudes de onda extremadamente cortas que atraviesan la ionósfera, por lo cual no pueden aprovechar sus propiedades reflectivas y sí requieren satélites o repetidoras para llegar más allá del horizonte.
Por otra parte, en la ionósfera se producen las auroras boreales y australes, debido a que cerca de los polos el campo magnético terrestre llega a penetrar la alta atmósfera; así, el viento solar (flujo de partículas cargadas) puede interactuar con la enrarecida ionósfera, creando espectaculares despliegues de color.

Pasemos ahora al tema

HAARP es el acrónimo de High Frequency Active Auroral Research Program (Programa Activo de Investigación de la Aurora mediante Alta Frecuencia), un programa científico y militar de investigación sobre la ionósfera financiado por la Fuerza Aérea y la Marina de los Estados Unidos, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa (DARPA) y la Universidad de Alaska. Su objetivo oficial es "adelantar nuestros conocimientos sobre las propiedades físicas y eléctricas de la ionósfera, que pueden afectar las comunicaciones civiles y militares y los sistemas de navegación". Fue creado en 1990, y sus instalaciones se ubican cerca de Gakona, en Alaska, en un lugar retirado de la interferencia electromagnética que generan las zonas pobladas.

El HAARP tiene un claro contenido de investigación militar, determinado por los organismos que lo financian y su propio objetivo oficial. El principal dispositivo que emplea es el Ionospheric Research Instrument (IRI), un potente radiotrasmisor de alta frecuencia que se emplea para modificar temporalmente las propiedades de la ionósfera en una zona limitada de la misma. El IRI terminó de construirse en 2007, y consta de 180 antenas que pueden emitir con una potencia máxima de 3600 kilovatios.

Las emisiones del IRI se absorben parcialmente entre 100 y 350 km de altura. Debido a que la radiación electromagnética se debilita mucho con la distancia, la intensidad de la señal que llega a la ionósfera es de menos de 3 μW/cm2 (tres microvatios, o millonésimas de vatio, por centímetro cuadrado), decenas de miles de veces menor que la radiación electromagnética que proviene del Sol y cientos de veces menor que las alteraciones aleatorias que muestra naturalmente la ionósfera. Las emisiones del HAARP no son absorbidas en la tropósfera ni la estratósfera (las capas más bajas de la atmósfera), por lo cual no sería posible que tuvieran efecto alguno en el estado del tiempo aun si fuesen mucho más potentes. La activación de átomos y moléculas que puede ejercer el HAARP en una pequeña porción de la ionósfera es absolutamente insignificante si se compara con las auroras que genera el Sol.

Los efectos producidos por el IRI pueden detectarse únicamente con los sensibles instrumentos científicos del HAARP (de hecho no interfieren con las comunicaciones), pero la información que se obtiene es útil para entender la dinámica del plasma y los procesos de interacción entre la Tierra y el Sol.

Sin duda, lo que los militares estadounidenses buscan es perfeccionar las comunicaciones en el rango que no requiere el uso de satélites, así como la detección por radar de cualquier objeto que se mueva en la alta atmósfera y el bajo espacio. Pero de ahí a poder modificar el clima, crear terremotos, enfermedades, caída de meteoros o alterar la salud mental de las personas hay la misma distancia que la que existe entre arrojar un guijarro en la playa y querer ocasionar un tsunami o hacer caer la bolsa de valores.

Con el HAARP sucede algo similar a lo que ocurre con el acelerador de partículas europeo LHC: una combinación de desconocimiento de la ciencia y sensacionalismo que genera temor en muchas personas. En 2008 se produjo incluso un suicidio cuando el LHC iba a entrar en operación: una joven hindú temía tanto que se generara allí un agujero negro que acabara con el planeta, que se quitó la vida.

Las instalaciones del HAARP están abiertas al público una vez al año en los llamados "open houses", cuando recibe muchos visitantes; por otra parte, la data producida por sus detectores se coloca constantemente en su sitio web. Los investigadores del HAARP provienen de empresas privadas, universidades y organismos públicos, y los resultados de su trabajo aparecen regularmente en las publicaciones especializadas. Ninguna de sus investigaciones se considera clasificada, por lo que son documentos públicos. No se trata de una instalación militar operativa.

Miedo al fantasma

Pero el HAARP ha tenido siempre un aura de misterio, sobre todo por su lejana ubicación y lo aparentemente enigmático de sus propósitos. Desde un principio, los extremistas ambientales de los propios Estados Unidos iniciaron campañas contra sus investigaciones, temiendo que "alteraran" la naturaleza de la atmósfera.

También en el Táchira

El 14 de octubre de 2009 se produjo un violento temporal en la ciudad de San Cristóbal, capital del estado Táchira, que fue calificado como "pequeño tornado". Los fuertes vientos, la lluvia y el granizo causaron destrozos, aunque no víctimas.

De inmediato aparecieron en los foros de Internet comentarios según los cuales se trataba de un experimento efectuado desde las bases colombianas, donde se acababan de radicar militares de los Estados Unidos para "agredir" a Venezuela. El caso más llamativo fue el de un portal denominado "Círculo Ambiental", que al parecer pertenece a Marcos Peñaloza, nada menos que un profesor PhD del Departamento de Física de la Universidad de los Andes en Mérida.

El artículo (citado luego en páginas como "Rebelión") menciona numerosos casos desde la década de 1930, en los cuales presuntamente los norteamericanos y otras potencias realizaron modificaciones al clima, o sabotajes a instalaciones estratégicas con fines militares. El autor mezcla así operaciones reales con estudios teóricos, por cierto la mayoría de ellos disponibles en Internet (de donde obviamente los tomó); el HAARP, claro está, forma parte del coctel.

Ese artículo sigue una venerable tradición: ya desde la década de 1960, Fidel Castro aseguraba que los ciclones que causaban daños en Cuba eran provocados por los estadounidenses (aunque muchos de ellos también afectaran el propio territorio norteamericano). En Lúcido 20 mencionamos que, en junio de 2006, el Senado de Rumania abrió una investigación sobre los "indicios" de que las inundaciones que estaba sufriendo el país eran resultado de una "guerra meteorológica instigada por un poder extranjero", en una poco velada referencia a Rusia, con la que sus relaciones eran tensas. Por supuesto que de esa "investigación" no se supo más.

Sin embargo, aunque algunas acciones de alteración del clima con fines militares o geopolíticos efectivamente pudieran haberse intentado, Peñaloza parece ignorar que todas fracasaron. Incluso la famosa "siembra de nubes", que se realiza en numerosos países con el fin de generar lluvia o nieve durante las sequías, tiene dudosos resultados en el mejor de los casos.

La tecnología actual apenas permite pronosticar el estado del tiempo con cierto porcentaje de certidumbre, y ello con suma dificultad. Los seres humanos no tenemos aún capacidad alguna para alterar, mucho menos crear, huracanes u otros fenómenos de semejante magnitud. Afortunadamente.

Por su parte, los teóricos de la conspiración recuerdan las ideas del célebre investigador Nikola Tesla (1856-1943), quien a principios del siglo XX había propuesto crear un arma de radio (que llamó de "energía dirigida") que pudiera destruir ejércitos a gran distancia. A pesar de que Tesla afirmó haber logrado avances en tal concepto, no logró interesar a las fuerzas armadas de su época, y sus "super-armas que eliminarían las guerras" permanecen en el reino de la anécdota.

No sorprende que la tradicionalmente paranoica Duma (Parlamento) de Rusia haya supuesto que el HAARP constituía una nueva arma a lo James Bond; en agosto 2002, ese organismo elaboró un comunicado de prensa, firmado por 90 representantes, que indicaba: "Los Estados Unidos están creando nuevas armas integrales de carácter geofísico que puede influir en la tropósfera con ondas de radio de baja frecuencia. (...) Este nuevo tipo de armas difiere de las de cualquier otro tipo conocido en que la tropósfera y sus componentes se convierten en objetos sobre los cuales se puede influir". Irónicamente, Rusia ha sido acusada de lo mismo (ver recuadro).

El Parlamento Europeo, por su parte, señaló en una resolución de 1999 que la estación HAARP "manipula el medio ambiente con fines militares" y solicitó que fuera objeto de una evaluación en cuanto a sus repercusiones sobre el ambiente local y mundial y sobre la salud pública. Esa misma resolución del Parlamento Europeo pedía que se celebrara una convención internacional para la prohibición mundial de "cualquier tipo de desarrollo y despliegue de armas (sic) que puedan permitir cualquier forma de manipulación de seres humanos". Debe mencionarse que ya en 1978 se firmó un tratado internacional que prohíbe la modificación del clima con propósitos hostiles, el cual fue rubricado por los Estados Unidos.

La ignorancia científica se asienta (¿debe sorprendernos?) incluso en los políticos del más alto nivel. Sin embargo, desde entonces tanto la Duma como el Parlamento Europeo parecen haberse olvidado del tema.

Así, el HAARP se ha convertido en un arma, pero de la propaganda y las ideas conspiranoicas. Antes de que circularan los correos citados al principio de este artículo, la prensa popular y las leyendas urbanas le habían atribuido también el accidente del vuelo TWA 800, el Síndrome del Golfo (enfermedad de los soldados que lucharon en Irak) y el de fatiga crónica, así como la masacre del instituto Columbine. Con razón, la periodista Sharon Weinberger ha calificado al HAARP como "el Moby Dick de las teorías de conspiración".

Uno de los detalles más lamentables de la campaña de los medios oficiales venezolanos contra el HAARP es que ninguna de nuestras instituciones científicas ha sido consultada ni ha emitido opinión sobre el tema. La afirmación de que el terremoto de Haití fue provocado por los estadounidenses generó asombro e hilaridad en buena parte del mundo. Esto ha perjudicado seriamente la credibilidad del país, algo de lo cual lamentablemente nuestro estamento científico tampoco escapará.

Referencias
- Página del HAARP
- HAARP en Wikipedia
- Texto sobre HAARP en página de Radio Nacional de Venezuela.  
- Textos sobre HAARP en la página oficialista venezolana Aporrea: aquí y aquí.
- Tornado de San Cristóbal en "Círculo Ambiental"
- "Control de la mente" con el HAARP
- Nikola Tesla
- Ionósfera
- Siembra de nubes.

Texto publicado originalmente en la edición 27 de la Revista Lúcido.

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FUENTE

Sami Rozenbaum - cienciayleyenda.net
revistalucido.com



Comentarios
ariani#5 - 31/12/2010 - 4:59:10 PM
Y se le llama loco o demente a las personas que tienen conocimiento de esto!! la verdad esta enfrente a nosotros solo tenemos que abrir nuestros ojos,nuestra ignorancia nos hace apaticos a estos temas:)

1 comentarios para este artículo.

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